sábado, 19 de octubre de 2013

Poemas de Carlos Blanco Sánchez - Un jilguero en el laurel

Un jilguero colorín
en el laurel se ha posado,
amarillorojogris,
blanco, negro y marrón claro.

Con sus trinos ameniza
la mañana en el jardín;
sentado _bajo la sombra_,
puedo verlo ir y venir
y, alegre, canta en la copa,
mientras florece el jazmín.

Presume de los colores
que al  arcirirobó.
No se lo digas a nadie,

que es secreto entre tú y yo.


iAIlustración de Gisela Agutntina)

viernes, 18 de octubre de 2013

Días violetas - Annie Altamirano

Annie Altamirano escribe poesía, relato, reflexiones de poste y azotea. Aquí alguno de sus textos. 



Hoy es un día violeta, de un sol que amenaza con lluvia, de veredas repletas de gente que apenas se mira. Así son estos días violetas, en que quiero escribir un cuento y el lápiz se me escapa de las manos. Tengo ganas de tomar chocolate con churros, voy a la mesa y me encuentro con una taza de té. 
Pero no me enfado porque los días violetas no son para enfadarse.

También hay días azules, como cuando el cielo es un espejo y los cuentos me salen fácil y los leen hasta los marcianos. O rojos, como cuando todo parece estar a punto de suceder. Pero hoy no es rojo ni azul, es violeta.

Por mucho que quiera no puedo volverlo amarillo. Un día amarillo de esos en que los ojos se te quedan atrapados en el vidrio de la ventana de la cocina y los recuerdos se abren como un álbum de fotos. En esos días amarillos, estás adentro de casa porque llueve. Esos días se confunden con los grises sólo porque cuando llueve el cielo se pone gris.

Sin embargo los días grises son distintos. En ellos puede haber sol y los árboles pueden estar  florecidos, porque es la mirada de uno la que tiene nubes y entonces por cualquier cosa lloras o se te hace un nudo en la garganta porque sí, porque uno quisiera que fuera un día azul y las nubes de la mirada lo nublan todo.

A mí me gustan los días verdes, como la melena de los sauces en primavera, como el campo a lomos de un pájaro. Son días en los que hasta los edificios parecen construidos de hierba.

Cuando el día es verde, te das cuenta al amanecer porque en vez de quedarte en la cama, sientes cosquillas en las piernas y puedes llegar a cualquier parte aunque quede muy lejos. Y entonces es posible hacer los deberes con música de fondo,  o jugar con los amigos que ese día están más divertidos que nunca 
porque ellos también se despertaron con un día verde.

A mí me gustan los días verdes porque me siento a leer debajo de un árbol y de repente Aragorn, Harry Potter, el Cid y hasta la tonta de Heidi, se vienen de picnic conmigo y el conejo de Alicia nos sirve el té en una mesa de barquillo con mantel de lunares de fresa. Me gustan esos días porque tienen algo de azul aunque no lo sean, 
porque los días azules son como postales para mirar y los verdes son para pisar.

También hay días lisos en los que no pasa nada, días a cuadros donde todo me sorprende, con horas anaranjadas bañadas en chocolate. 
Cuando llegan esas horas, me pongo a amasar pan y pongo la mesa en el patio debajo de las glicinas.

También hay tardes remolonas con perfume a jazmín a la hora de la siesta para enamorarse, para entrelazar los dedos y dejarse llevar por el asombro 
de que no es un sueño estar juntos.

Mañana quizá sea rojo, dorado o transparente, quizás me encuentre con horas de menta y mañanas con olor a tilos en flor. 
Pero hoy no. Hoy es un día violeta.



Poesía es todo - Recital en Birdland

Ayer miércoles 16, a las 22:00hs hicimos una nueva presentación de nuestros trabajos en el bar Birdland de Salamanca.


Nos acompañó Luis Mayol en la guitarra y cantando blues y tangos.




Carlos Blanco Sánchez


 Natividad Gómez Bautista

Vuelves mujer...

Vuelves mujer
desde las espigas verdes
por donde huyen los pájaros
al páramo desolado y amplio
de una cama.

Y se adviene mi alma 
en la desmesura de tu carne,
se detiene mi cuerpo
en el punto exacto
en el que tiemblas.

Vuelves mujer
y entre Circe y tú,
aquí en mi cama,
la insolencia de un sueño.





 Luis Gutiérrez
Annie Altamirano

No me hago cargo 


No me hago cargo
dijo una mujer muy sabia
al cumplir noventa.
Hago mías las palabras
con bastantes menos.
No me hago cargo
aún en esos días
en que me vence el desaliento
al ver la imagen
que refleja impiadoso
el escaparate
o las arrugas traicioneras
que aparecen sin aviso
en una foto tomada por sorpresa.
No me hago cargo.
La mujer que viaja en este envase por la vida
rondará los cuarenta y tantos,
no muchos.
No ayuda sentir el aire de superioridad
de las mas jóvenes
(ellas con suerte también llegarán
aunque no lo saben),
la casi total invisibilidad para todos los demás,
no robar ni siquiera una mirada.
A mis cuarenta y dieci… todavía tengo ganas
y alguna locura pendiente.
A pesar de todo
no me hago cargo. 





Toño Blázquez


Soneto a mi prima

Un soneto escrito por derecho
me exige mi prima pergreñar,
la quiero, por ello, enseñar,
así el primer cuarteto está hecho.

No puedo asirme a verso libre,
encarcelarme debo a la escritura,
demostrar que gozo de cultura
y al segundo cuarteto dar calibre.

Voy acabando mas no es pardo
ligar los tercetos con la rima
y terminar aquello que prometo.

Ya hice un terceto, ya no tardo,
con talento daré gusto a mi prima
dedicándole, por fin, éste soneto.



Aquí estamos con algunas de nuestras amigas, María Ángeles y Marian. 












Algunos miembros del público, entre ellos un nuevo seguidor de nuestro blog. Gracias, Carlos. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

Haikus del campo charro - Carlos Blanco Sánchez

El fin de semana pasado, Carlos Blanco fue a 'La Querida' de Vacas y Castaño a pasar una jornada poética junto a Joaquín Araujo. He aquí algunas de las fotos y de los haikus que resultaron de la experiencia del taller poético.


Déjame ser, árbol, de ti cobijo.





Álamo erguido,
ansias de cielo.




martes, 15 de octubre de 2013

Poesía es todo - Toño Blázquez

Ese es el concepto que subyace en la pluma de Toño Blázquez, poesía es todo desde la luna al papel higiénico o al ordenador. Aquí una muestra.


EL PORTÁTIL

He perdido el olfato que tenía,
pego el dedo a cada letra cual poseso,
si preguntan por Luis contesto queso,
el portátil me come cualquier día.

Es su calor como un gran cráter,
la noche y el día funde sin conciencia,
nada tiene fulgor ni pertenencia
y cuando voy a cagar lo llevo al wáter.

No es un mundo infinito, es la pared,
es la reja que troncha la emoción,
ceguera que destroza, incensario

que bendice los milagros de la red
y te compras en un “clic” un camión…
¿cómo puede ser un mal tan necesario?


14/10/13 

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EL SORCE QUE AMO
(Leer preferentemente con el diccionario a mano)

  
Ágil sorce de callada senda
que en la ópima despensa
convulsiones de hambre descabalgas.
Paseante liviano por el sofito agudo
en el atardecer hermoso
a materia de orespe sólo comparado.
Sorce al que hacen sosaño
hasta el terete
que ladra en ululato sin entraña.
Canijo irrisorio, de alma breve,
zalacaín de la noche,
alada huella sin pisada.
Señal etérea de usgo ajeno
que sueñas uzo mudo y complaciente.
Ancha noche te agarra
y te libera en ustión de sombras,
fantasmal alípedo y tierno sonajero.
Odias la luz y el cande lácteo
y en tu olfato de dios redimes los carmes
para seguir navegando
entre el cangro de muerte
y tus pies de seda.

11 / 06 / 2010



domingo, 13 de octubre de 2013

Poemas de verano 2013 - Natividad Gómez Bautista

Aquí podéis leer algunos poemas de Natividad Gómez Bautista. 



 Era Federico, es Lorca.


Eran las mujeres negras,
los crucifijos negros,
los sueños negros 
un anticipado luto
y era noche de agosto,
es noche de agosto
para desgarrar
el blanco adagio
de un traje
señorito y andaluz
y era España de machos
es España de machos
para fieros y juntos 
mofarse, reírse,
truncar la rosa más rosa
de los Rosales.

Y los cuatro jinetes 
de tu Apocalipsis lloraron
lloró el ególatra
colores sobre el lienzo,
sal y barro
sobre sus dedos
el adonis,
ceros vacíos
sobre tu sexo dormido
el seducido,
lloró silencio, el amigo.

Y lloraron Federico
tus mujeres,
lloramos Lorca 
tus mujeres
todas las lágrimas 
de tus poemas.


Vuelves mujer...


Vuelves mujer
desde las espigas verdes
por donde huyen los pájaros
al páramo desolado y amplio
de una cama.

Y se adviene mi alma 
en la desmesura de tu carne,
se detiene mi cuerpo
en el punto exacto
en el que tiemblas.

Vuelves mujer
y entre Circe y tú,
aquí en mi cama,
la insolencia de un sueño.