Mostrando entradas con la etiqueta Luis Gutiérrez Barrio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis Gutiérrez Barrio. Mostrar todas las entradas

miércoles, 18 de junio de 2014

Poesía en dos idiomas

El viernes 13 a las 19.00hs, se presentaron en el aula Dorado Montero de la USAL los poemarios de Elena Liliana Popescu y Alfredo Pérez Alencart, en edición bilingüe español - rumano y rumano- español e ilustrados por el artista Miguel Elías.
 


El acto fue presidido por Luis Gutiérrez Barrio, presidente del Ateneo, una de las entidades organizadoras de la 1 Semana de Poesía en la USAL, Pilar Fernández Labrador, representando a la Fundación Salamanca ciudad de cultura y Saberes, y Angela Calvo, presidenta de honor de ASUS, también organizadores de la Semana de Poesía. 


Intervinieron Alfredo Pérez Alencart, la poeta Elena Liliana Popescu, quien leyó algunos de sus poemas y poemas de Pérez Alencart en rumano, Manuel Andrés Sánchez y Paquita Lahoz, socios del Ateneo, y Natividad Gómez Bautista, Carlos Blanco, Luis Gutiérrez y Annie Altamirano como miembros de SonLetras y socios también del Ateneo.














martes, 18 de marzo de 2014

Celebración del Día Mundial de la Poesía 2014

El grupo SonLetras, junto con el Ateneo de Salamanca, ASUS y la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes os invita a compartir la celebración de la poesía el día viernes 21 de marzo a las 19:00 hs en el Aula Magna de la Facultad de Filología, Plaza de Anaya.
Intervendrán:
el grupo SonLetras: Annie Altamirano, Carlos Blanco, Toño Blázquez, Luis Gutiérrez, Natividad Gómez Bautista
Pilar Fernandez Labrador
Soledad Sánchez Mulas
Isabel Bernardo Fernández
Asunción Escribano
Jorge D'Alessandro
Julián Martín Martín
Juan Carlos López Pinto
María Ángeles Pérez López
Abdul Hadi Sadoun
Pío E. Serrano
Jeannette L. Clariond
Xavier Oquendo Troncoso
Ester Bueno
José María Muñoz Quirós
Alfredo Pérez Alencart

El Grupo Tarantela , formado por los violines Sara Medina y Celia Jiménez, la viola Clara García y el violoncelo Sergio Álvarez acompañarán a Sergio Fuentes en la interpretación de 'La Primavera' de Vivaldi.

Se obsequiará a los presentes con una edición conmemorativa de los poemas leídos al cuidado de Luis Gutiérrez Barrio y Alfredo Pérez Alencart y patrocinada por la fundación Salamanca ciudad de Cultura y Saberes.



domingo, 12 de enero de 2014

Noche de Reyes en Proyecto Hombre - Luis Gutiérrez

¡Qué bellas son las palabras! Sobre todo si las escribe, o las dice alguien que sabe colocarlas, alguien que sabe combinarlas para que remuevan nuestros sentimientos más profundos y nobles. Muy importante es la palabra ¿Quién lo duda? Sobre todo estos días en los que nos felicitamos, nos deseamos lo mejor, esperamos que el año nos traiga paz, amor felicidad, trabajo, justicia… Yo, que no sé escribir ni combinar de forma tan magistral las palabras, me he conformado con pasar, la mágica Noche de Reyes, cenando, velando los sueños y desayunando con un grupo de personas, que si bien es cierto que han cometido errores en su vida, también es cierto que siguen siendo personas, que quieren salir del bache en que cayeron, que están esperando una mano amiga que le ayude a salir del tenebroso pozo en el que están sumergidos.

Serían las dos de la madrugada, tal vez algo más, cuando oí unos ruidos, alguien andaba por la casa. Me levanté del sillón en el que descabezaba un leve sueño y vi ¡oh milagro! Que los Reyes Magos también visitaban a aquellas personas, que no se habían olvidado de ellos, aunque, tal vez, ellos si habían olvidado a los Reyes.

A la mañana siguiente, a la hora del desayuno, todos vieron con asombro que de sus respectivas sillas colgaba una bolsa con regalos, cada bolsa llevaba escrito el nombre del destinatario. Los Reyes saben los nombres y las circunstancias de todos y cada uno de ellos y saben que todos se merecen, no un regalo, sino muchos regalos, y no sólo de los que traen los Reyes Magos, sino de esos que tú y yo, el vecino de enfrente, esa persona con la que nos cruzamos en nuestro rápido ir y venir por la ciudad… tenemos a nuestro alcance y podemos entregarles sin demasiado esfuerzo.

Yo, que no sé colocar las palabras adecuadamente, me he tenido que conformar con pasar la noche con ellos, con verles reír y reírme con ellos, con verles llorar y llorar con ellos, con verles sufrir y sufrir con ellos, con verles rehacer su vida y rehacer yo la mía.

Esta noche he visto a los Reyes Magos, pero no son tres, como siempre nos habían dicho, sino cuatro; Melchor Gaspar, Baltasar y Manolo

Dios mío, ¡cuántas cosas le diría
si supiera escribir!...


martes, 22 de octubre de 2013

CUENTO DE OTOÑO Luis Gutiérrez Barrio

- Venga vamos, date prisa. No, si al final me harás llegar tarde
- Ya voy abuelo. No sé qué te pasa hoy que tienes tanta prisa.
- Hoy es 11 de noviembre y tengo una cita muy importante.
El abuelo caminaba embozado en su bufanda, la gorra bien calada, la cabeza baja, pensando en tiempos que ya no volverán. El niño corría de un lado a otro, jugando con las hojas que el caprichoso viento cambiaba de lugar sin ningún orden; tan pronto corrían veloces a lo largo del paseo, como se arremolinaban en una esquina.
- Mira, aquel es el banco -, dijo el abuelo. El niño, ajeno a todo, seguía jugando con el viento y las hojas. Al llegar al viejo banco, el abuelo pasó su mano enguantada sobre él y con una suave caricia le limpió de hojas secas. Luego, se sentó lentamente, para no despertarle del letargo invernal.
- Abuelo, no te quedes dormido - dijo el niño regañándole de antemano.
- No te preocupes - contestó complaciente el abuelo.
Mientras el niño corría y jugaba sin cesar, el abuelo agachó la cabeza y cerró los ojos. Imágenes de un tiempo pasado acudieron a su mente: El parque era el mismo, pero la luz del sol y el bullicio de los niños lo inundaban todo. El banco era el mismo, pero la madera, ahora ajada y carcomida, se mostraba brillante y vigorosa. Del césped, recién cortado, colgaban gotas de agua, que, con los rayos del sol, dibujaban diminutos arco iris de brillantes colores. El aire estaba cargado de aroma verde, fresco y penetrante. Y lo más importante, a su lado, sentada en aquel banco, había una mujer. Una mujer que cubría su cabeza con un pañuelo, que competía en colorido con los miles de flores que poblaban el parque. Su rostro sereno, estaba marcado por el dolor y el cansancio. Hablaban pausadamente. Sus palabras eran tiernas y sus gestos preñados de amor. A la mujer le costaba alzar la voz y en su mirada, entre el cariño y la dulzura, se escondía el fantasma de la muerte.
Unos meses después, en otoño, un once de noviembre, sentados en el mismo banco en el que ahora se encontraba él, mientras hablaban, la voz de la mujer se fue apagando lentamente, al tiempo que su cuerpo se refugiaba entre los brazos del hombre. Él la miró resignado, sabía que ese momento tenía que llegar y lloró en silencio.
Pasaron varias horas hasta que su hijo, preocupado por su tardanza, les descubrió abrazados en aquel banco del parque.
El abuelo no quería desprenderse de ella. Al final accedió, a la vez que le prometía que muy pronto volverían a estar juntos.
Hoy se cumple un año de aquella despedida. Demasiado tiempo para estar separados. Un año vivido solamente esperando el día en el que volverían a estar juntos, juntos para siempre. Y ese día, por fin había llegado.
Al salir de casa, dijo a sus hijos - Hoy me reuniré con vuestra madre - Sus hijos no le hicieron demasiado caso  – Abrígate bien, papá. ¿Llevas la bufanda? ¿Y la gorra?
Él sabía que no le creían, les dio un largo beso de despedida. Le costó mucho separarse de aquel abrazo que con todas las fuerzas de un anciano le unía a su nuera. Una lágrima recorrió sus mejillas. - No lo ves papá, abrígate, el frio ha hecho que se te salten las lágrimas. 
El viento frío, con el orgullo del que se sabe invencible, se paseaba por el parque. Él, cada vez lo notaba menos, algo tibio iba apoderándose de su cuerpo. Una ráfaga de aire cálido, acompañado de unas hojas secas, se instaló en el banco, y un aroma a césped recién cortado y a rosas llegó hasta sus sentidos.
Ya no sentía el frio, ni el estrépito de los coches y la gente al pasar, estaba envuelto en una nube cálida y apacible. En algún momento llegó a pensar que flotaba, que alguna fuerza mágica le arrancaba del banco en el que estaba sentado y le transportaba a lugares desconocidos para él.
La voz de su nieto le hizo volver a la realidad – ¡Abuelo, no te duermas! -
- No  te preocupes - contestó sin ningún convencimiento. Y regresó a su éxtasis.
- Pues a mí me parece que te estás durmiendo - Insistió el niño
El abuelo, en esta ocasión, no le contestó, solamente abrió con esfuerzo los ojos y le miró cariñosamente.
- No te duermas- insistía machaconamente el niño - no te duermas abuelo.
El abuelo abrió de nuevo los ojos, unas lágrimas brotaron de ellos. Miró al niño con una especial ternura, sintió un fuerte dolor por tener que dejarle. Por un momento dudó del camino a tomar. El niño le asió por las solapas de la chaqueta y le zarandeaba mientras le gritaba cada vez con más fuerza, - ¡Por favor, no te duermas abuelo! Otra ráfaga de viento cargada de un inconfundible aroma a ella, disipó todas las dudas. A pesar de la fuerza con que gritaba el niño, cada vez le oía más lejano, hasta que el silencio lo invadió todo. Tan sólo veía un rostro borroso que le gritaba y unas lágrimas que brotaban de sus infantiles y aterrados ojos.
El abuelo, acercó su temblorosa mano a la cara del niño y con una leve caricia, se despidió de él. Una sonrisa, de felicidad y tristeza, se dibujó en sus labios, a la vez que sus ojos se cerraban lentamente. El rostro de su nieto fue la última imagen que vio antes de dormirse para siempre.